OSR/Eirendor. Del río y la lana (III)

Un poco de Historia….

La ciudad de Cuenca había llegado a su máximo esplendor, día a día la gente iba llegando a lo que era una ciudad pionera en la industria de la lana. Edificios y construcciones aumentaban la belleza arquitectónica de la ciudad, construidas gracias al dinero que surgía de las arcas totalmente llenas.

La arquitectura se fusionaba con las montañas de la sierra, los bosques y los dos ríos, Júcar y Huécar, dando a la ciudad un aspecto imponente.

Era una ciudad en expansión, religiosa y orgullosa de los rezos a su Dios y la respuesta de este en forma de progreso. Pero el mal no tardaría en llegar. Donde existe un dios, existe el miedo a la muerte y al demonio.

Ana la Roa, María Parra de Sacedón, Juana Martínez, María Rodríguez y María de Menga. Famosas en la época, brujas de Cuenca que la propia Inquisición encarcelo durante muchos años. Ahogamiento de niños, adoraciones al demonio, volar por los aires, eran algunos de los pecados a los que fueron condenados.

Una de ellas, María Parra, tras declarar su inocencia, fue condenada al destierro tras cien azotes en la misma Plaza Mayor de Cuenca. Se dice que estaba desnuda encima de un asno cuando empezó la tortura y que el pregonero daba cuenta de sus pecados en ese momento. Corría el año 1558.

Treinta años después, el aquelarre concluyó. Entre los bosques cercanos, en medio de las propias hoces de ese rio Júcar y a poca distancia de la ciudad, María, con una avanzada edad, lideraba ese ritual. Su venganza había empezado. Brujas de toda la zona se reunieron para lo que sería el principio del fin, no solo para la ciudad, sino la muerte de toda la región.

Pronto la peste seguidas de una gran sequía y varias plagas de langosta arrasaron la zona. La niebla se apoderó la ciudad, la oscuridad se cernió sobre esos montes.

La vida se consumía. El velo había sido abierto.


Un poco de sus gentes…

Pastores

Los fantasmas pueblan las calles de la ciudad al caer la noche, vagan sin ningún rumbo conocido tras su muerte y alzamiento. Todo el mundo ve esas apariciones espectrales, oye esos sonidos de ultratumba que hielan la sangre, pero pocos entienden su significado y lamentos. Y muchos huyen, pues las apariciones son de cólera fácil y dura venganza.

Los pastores, o así se denominan, han comenzado a llegar a la ciudad de Cuenca. Comerciando con recuerdos e historias del pasado, su dominio de la lengua de la muerte les es válida para conversar con los muertos. A cambio de una hogaza de pan o una simple moneda, son buscados por los que quieren ver a sus seres queridos y darles un último saludo. Son temidos y a veces perseguidos hasta la muerte al conocer secretos nunca desvelados.

Por alguna extraña razón son inmunes a la peste.

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Un poco de sus lugares…

Afincada en la desembocadura del río Huécar en el Júcar, esta ciudad castellana esta situada entre montañas. Sus calles ascienden desde la puerta de Valencia y de Huete en la parte baja de la ciudad, hasta el mismo Castillo en una subida larga y pronunciada, llena de adoquines y polvo.

Cuenca, 1850

El Júcar.

Río con gran caudal, anuncia su llegada a Cuenca con hoces forjadas durante el paso de los siglos. Bosques y montañas acompañan su paso hasta ella.

Tras ese aquelarre que tuvo lugar una fría noche de invierno a las orillas del río Júcar, sus aguas enfermaron, la peste entro en la ciudad castellana de una manera cruel y directa. Por la imposibilidad de quemar todos los cuerpos, su uso actual ha pasado de ser un elemento de vida a uno de muerte, usándose de cementerio. Las orillas de este río al abandonar la ciudad están plagadas de muertos.

Imagen relacionada

Desde la Iglesia de la Virgen de la Luz, situada en la orilla del río se ofician rezos a todas horas del día por los difuntos, las campanas suenan a cada hora anunciando estos oficios. Edificio alzado hace solo unos años a partir de las ruinas de una Ermita, cuya leyenda dice que fue mandada construir a partir de que la Virgen se le apareciera a Alfonso VIII en ese punto.

El puente musulmán de san Antón, que divide esta barriada de la ciudad escucha impasible los lamentos y el eco de las campanas que resuenan en la espesa niebla.

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