Marca del Este. Kurud Un gar

La vida es dura, demasiado dura. Tristemente, esta afirmación, es una lección de vida que se aprende desde el principio en la Gran estepa de Asjian. Las tribus bárbaras pueblan esta zona dentro de las tierras nómadas, viviendo como buenamente pueden, esperando el alba para decir que han podido ver un día más.

Aún así esta gente esta afincada, aprovechando los recursos de la tierra. Incluso llegando a domesticar los mamuts lanudos para su uso, tanto para la agricultura como para el combate.

Una de estas tribus, respetada a muchas millas a la redonda, son los Jeger. Conocidos por sus incursiones más allá de la cordillera Kemikisizian, allá donde solo hay frío y muerte, a la Costa de hielo.

A el frío extremo, la noche eterna durante los meses de Cosecha, las bestias ávidas de un trozo de carne buscando presas lo más asequibles posible para calmar su apetito, se le juntan otros peligros que ni los mismos Jeger querían llegar a mencionar.

Cada ciclo de tres años esta tribu partía hacia el norte, bordeando Kemikisizian, con la intención de explorar estas costas y dar caza a los Kurud, un oso polar enorme y gigante, que al igual que el mamut lanudo se puede llegar a domesticar y al que su carne se considera comida de dioses. Este es el secreto de los Jeger y su fuerza, el respeto que imponían al resto de tribus estaba justificado…

Pero hace solo veinte años algo sucedió, esta tribu consiguió derrotar a Kurud Un gar, un Kurud que en comparación del resto era incluso más grande, más fiero, llevando la vida de más de veinte Jeger y la mutilación de no pocos de ellos.

Los dioses dieron su bendición a los Jeger tras la caza del animal. La caza, pesca, e incluso refugios naturales fueron muy prósperos ese año, tanto que empezaron a asentarse en la costa de hielo.

Kurud Un gar fue transformado en una bestia de guerra, con su poder y su fuerza, no solo los kurud eran cazados fácilmente, otras bestias incluso más poderosas. Haciendo que el pueblo en el plazo de poco tiempo llegará a tener cinco kurud a su disposición.

Solo hace un lustro, una expedición de barcos provenientes del lejano occidente quiso cruzar estas costas. Su misión nunca se llego a completar, la dificultad del paso de la costa de hielo hizo que los barcos se quedaran encallados, a la congelación que sufrió esas pobres gentes se le sumo la matanza en la noche por la tribu bárbara.

Los dioses habían hablado otra vez, dando de nuevo su bendición a los Jeger. Estos en señal de respeto, consiguieron alzar uno de los navíos y amarrarlo en los lomos de su simbólico animal.

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Poco se sabe de esta tribu en los años venideros hasta hoy, excepto que cuentan con el beneplácito de dioses, el conocimiento de la costa del hielo, y un poder para el combate sin comparación.


 

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