Reseña Fantasía II: “El portador de luz”. Brent Weeks

Hace tiempo que clasifico a mis autores actuales de fantasía favoritos por importancia, ya que soy un bicho raro de los libros y me gusta organizarlo todo de forma enfermiza. La clasificación la hago de la siguiente manera: primera división, segunda división, y el resto de los que me gustan (los que no me gustan acaban en una caja en el sótano o en la carpeta del ordenador de las cosas que no voy a jugar… sí, esa que se llama “indi”) . Mi primera división la conforman Sanderson, Martin, y Abercrombie (en ese orden). Muchas veces tengo la tentación de bajar a Abercrombie a segunda, porque al igual que el resto de autores en esa división, tengo una profunda relación amor-odio con su obra. Pero de momento lo voy a dejar allí en el olimpo de la primera la división fantasiosa, y os voy a hablar un poco de los de segunda, así a modo de introducción a lo que os vengo a reseñar hoy.

Como os decía, amor-odio, la característica fundamental en esta división, me ha forzado a colocar allí a 3 grandes autores: Anthony Ryan, Brent Weeks, y Mark Lawrence (en ese orden también). Y hoy vengo a hablar de Brent Weeks, al cual le tengo respeto y rabia a partes iguales.

El señor Weeks empezó en esto de la fantasía con fuerza, con un golpe en la mesa como lo era la trilogía del ángel de la noche, con un primer libro llamado “The Way of Shadows”. Cuando alguien me pregunta sobre el libro no puedo más que decir lo de siempre… increíbles giros, horrendos personajes principales, maravillosos secundarios, estúpidos diálogos, y un largo etcétera de luces y sombras. Y es que me da rabia porque podría haber sido una trilogía increíble, con uno de los arcos más sorprendentes que he leído nunca (el del agujero y sus prisioneros, y no voy a decir más por miedo a spoilers), pero se queda en un aprobado-notable debido a varios de los fallos ya mencionados. Y mis expectativas con su siguiente saga crecieron, y mucho. Y la saga de Lightbringer es evidentemente un paso adelante muy grande, pero me duele ver que algunos fallos no se han subsanado en la narrativa de Brent, al menos no lo suficiente para subirle a mi primera división. Pero yo soy muy exigente, así que no puedo más que recomendar este pedazo de saga, que comienza muy fuerte en un libro llamado “The Black Prism” (el prisma negro, en español por Plaza & Janés).

 

megustaleer - El prisma negro (El Portador de Luz 1) - Brent Weeksmegustaleer - La daga de la ceguera (El Portador de Luz 2) - Brent Weeksmegustaleer - El Ojo Fragmentado (El Portador de Luz 3) - Brent Weeks

En el primer libro de esta pentalogía nos encontramos con un mundo peculiar. En él existen siete Satrapías, que son países independientes y cuasi autónomos que rodean a un gigantesco mar. Cada uno de estos países está gobernado por un sátrapa, y éste es dependiente de un gobierno central llamado “Chromeria”.  Este gobierno central es también el centro de entrenamiento de los magos (que son el recurso principal con el que nutren a los sátrapas a cambio de su lealtad) y a la vez es un centro religioso dedicado a Orholam, el padre de la luz. Y es que ésta divinidad es responsable de bañar en la luz al mundo, una luz que los magos saben absorber y transformar en efectos mágicos. Pero hablaremos de la magia más tarde, de momento centrémonos en Chromeria.

Chromeria está gobernado por un consejo de 9 figuras: 7 consejeros que representan a un sátrapa (1 por cada color), El blanco (que es el consejero encargado del poder ejecutivo-militar), y el Prisma. El Prisma es el único mago capaz de emplear todos los colores, y es el representante de Orholam en la tierra. Debido a su poder e influencia religiosa, es casi un emperador. Y en esta época convulsa, el manto del Prisma recae sobre el poderosísimo Gavin Guile. Gavin vive una vida de lujos, excesos, y poder, aunque es un tipo responsable y se preocupa del imperio… a su manera. Y eso es relativamente fácil para el mago más poderoso del planeta. Hasta que toda su vida se va al traste cuando recibe una carta de una antigua conocida, una aldeana de un pueblo perdido en el fin del mundo, diciendo que tiene un hijo bastardo. Esto cambia por completo a Gavin, ya que siempre ha sido intocable para sus enemigos debido a su inmenso poder, pero ahora tiene una vulnerabilidad que todos quieren explotar…

Su hijo bastardo es Kip. Un chaval gordito, algo tonto, y muy abofeteable, que vive en un pueblo de mala muerte junto con su madre loca y drogadicta, intentando evitar a los chavales abusones del pueblo y haciendo frente a la adolescencia como buenamente puede. La vida de Kip cambia radicalmente cuando sale a buscar algo de valor a un campo de batalla abandonado durante 15 años, en el que Gavin Guile es enfrentó a su hermano Dazen Guile y se dice que los restos mágicos de aquella batalla todavía campan por el lugar. En este cementerio, Kip se encuentra con un mago caído en desgracia… Y a parte de Kip y Gavin, tenemos a Karis y a Liv como personajes femeninas principales, que se introducen más adelante en la historia.

Y hasta aquí puedo leer respecto a la trama. Pasemos a lo que mola, la magia. La magia en este mundo de fantasía es dependiente de los colores, y se la conoce como cromaturgia. Así, la mayoría de cromaturgos son denominados como monochromats, porque pueden emplear un color para potenciar sus efectos mágicos. Algunos emplean el verde, otros el azul, otros el amarillo, algunos el naranja, otros el rojo, unos pocos el ultravioleta, y otros el infrarrojo. Algunos magos son privilegiados, y pueden emplear dos colores, siendo llamados bychromats (en inglés). Otros, son simplemente legendarios y pueden emplear tres  o más colores, siendo denominados como polychromats. Para ser considerado un mago capaz de emplear un color adecuadamente, el mago debe poder absorber energía de todo el espectro de dicho color. Para emplear los poderes de un color, el mago emplea unas gafas tintadas del color en el que es hábil, filtrando toda la luz que recibe de ese espectro, y una vez absorbida la convierte en luxin, una sustancia que es la base de los poderes de los cromaturgos. El luxin varía en función del color del que provenga. Por ejemplo, el luxin azul es duro como el acero, el amarillo es líquido, el rojo es viscoso, el verde es pegajoso, el infrarrojo es explosivo, etc. Un cromaturgo puede generar formas imposibles con el luxin, para crear cuerdas, espadas o pinchos, balas, plataformas, etc. En resumen, un mago en este mundo es como alguien jugando al minecraft en modo dios.

 

Imagen relacionada

El uso de la cromaturgia tiene sus limitaciones. Generar luxin a través de luz pasa factura al cuerpo y a la mente. El residuo del luxin se almacena en el iris de los ojos con el paso del tiempo, y una vez que sobresale el iris y se filtra al resto del ojo se dice que “el halo se ha roto”. Cuando esto sucede, el residuo se cuela al cerebro del mago, volviéndole loco, y pasando a ser un mago caído en desgracia (no sé muy bien cómo lo han traducido al español, pero en inglés es “Color Wight”). Estos magos locos comienzan a actuar de forma errática y aniquilan a todo aquel que se cruce en su camino, sea amigo, familiar, o enemigo. Todos los cromaturgos tienen por tanto una fecha de caducidad, y la mayoría de ellos no sobrepasa los 40 años.

Respecto al mundo, no es medieval fantástico, existe la pólvora y se emplean rifles, cañones, y demás. Podríamos definirlo como un ambiente napoleónico con magia de luz. O algo así. Las construcciones de luxin están a la orden del día, así como las granadas lumínicas y otros ingenios de luz que van constantemente asomando.

Y llegamos a mi veredicto y conclusión. El señor Weeks ha mejorado muchísimo desde Way of Shadows, su primera saga, y sus personajes son más complejos, mejor definidos, menos inconsistentes y con mejores diálogos. Y aunque sus personajes femeninos han ganado en peso, sigue siendo para mí su asignatura pendiente en este primer libro, ya que hay algunas figuras que rozan la irrelevancia más absoluta, y toman decisiones impropias de su personalidad. También, y al igual que en su primera trilogía, la ausencia de personajes carismáticos se nota, aunque con menos intensidad debido al peso del gran Gavin Guile. Pero al margen de esto, ha construido un mundo mágico que hasta Sanderson envidiaría, con un abanico infinito de posibilidades para contar historias, y con subtramas que te dejan queriendo más al final del libro. Un gran trabajo de Weeks, que por cierto mejora mucho en los siguientes libros de la saga, llegando a eliminar parte de estos problemas (en especial el de los personajes femeninos). Sinceramente, espero que corone esta saga con su quinto y último libro el año que viene, ya que si le da un final como se merece, destrono a Abercrombie de mi primera división… y ganas no me faltan.

 


 

Reseña escrita por uno de los colaboradores de decenasdemundos: Seregras, con el que tenemos el placer de contar en este humilde blog.

Reseña Fantasía de Seregras empezó con la Saga de los Demonios de Peter Brett 

 

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